Bombas y bombas

| JOSÉ JAVALOYES |

OPINIÓN

08 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

LA ÚLTIMA semana que se fue lo hizo a golpe de bombas. No eran todas de la misma condición. Las chechenas del metro de Moscú tenían forma humana; la bomba política de Alemania, esa dimisión de Gerhard Schröder como presidente del SPD, arrastra los efectos de un modelo socialdemócrata sin norte: con la responsabilidad gestora maniatada por la ortodoxia económica, y el sentimiento de afiliados y votantes arrastrado por la deriva de los rumbos imposible; lo certifica el amorcillamiento profundo de la locomotora de la UE. Y la tercera bomba, la nuclear de Pakistán -participada ya por Corea del Norte, perseguida por Irán y abandonada, sin más, por el régimen libio del coronel Gadafi- llena de escándalo y colma de perplejidades a la Administración republicana; pero también a sus aliados, igual a los más sintónicos que a los reticentes. Resulta ahora que las ADM (Armas de Destrucción Masiva) que se buscaban en Irak, para evitar su uso y proliferación, habían sido proliferadas , esparcidas, sembradas, vendidas, por el primer aliado de la Casa Blanca en la guerra de Afganistán. La Bomba A pakistaní se ha esparcido, en régimen de metástasis, como un tumor de riesgos incompatibles con la paz del mundo y la seguridad internacional. El estallido del caso Jadir Jan, el padre de la bomba islámica, ha sepultado a Washington y sus aliados bajo los escombros de una masiva perplejidad. ¿Engañó, o sólo exageró Bush, con Irak?, ¿es o no es cierto el peligro de la contaminación armamentística nuclear en el mundo?, ¿tiene razón de ser o carece de sentido la idea de que en determinadas circunstancias puede encontrar sentido una guerra preventivo/abortiva de riesgos terroristas municionados con armas ADM, si ha fallado la prevención diplomática? Las interrogantes se despliegan en cadena, desde sus núcleos sin respuesta. Atentos a este siglo XXI, que trae muchas curvas.