LA VENTAJA de que te paguen por hacer lo que te gusta tiene estos días una primavera adelantada hasta lo insultante. Metido en tejemanjes de reeditar el Códice Calixtino, ando por las trapisondas con que Turpín le saca brillo al de la barba florida, al que tenía Doce Pares que ¡miren ustedes que parajoda! en manos de los de Ciencias, ese Estado Mayor siempre tan útil y exacto, corren el riesgo de ser veinticuatro, pero para la tropa zángana y literaria se quedan muy a gusto en la docena. El caso es que el falsario que hizo de Don Turpín el arzobispo más mentireiro de la Historia hace panda con la Canción de Roldán y otras hermosas fantasías en el exitazo popular que certifican nuestros romances con su tropa de Roldanes, Claros, Montesinos, Guarinos, Dirlos, etc. a los que en estos días el Calixtino me hace revisitar en plan de órdago a la gozada. Revisitar digo, porque yo, que te soy culto por mi madre materna e ilustrado por mi padre paterno, además hice mi Literatura de bachiller nada menos que con D. Benito Varela Jácome y eso quiere decir que el infante vengador y la caza de Roncesvalles y los sesenta pendones Burgos adelante y el no decir tu canción sino a quien contigo va te han sido atados y bien atados, te son «adquisición para siempre», que decía el clásico. Recordaba mi madre que en sus años de escuela, Cortegada (Ourense) allá por 1915, cantaban a la rueda «Camiña Don Sancho» y otros romances. Hace unos días en un rincón de La Alcarria pedían matrimonios con niños para que no les cerrasen la escuela: los tres únicos niños del rincón creo recordar que se llaman Brian, Jonathan y Jessica. A falta ya de Romancero, tiene razón la Zarzuela: hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad y el que nos acuse de depresión, aislamiento o marginación cultural es un fementido bellaco, dicho sea en términos romancescos, pues la globalización onomástica y la interculturalidad de La Alcarria es para nota. Un repaso a Salnés, Mariñas, Ribeiro, Barbanza, Valdeorras... nos reconfortará con una Galicia protagonista sin rival en esa pasarela de las novedades bautismales. Pero, en fin, cada uno que se llame como le peta y vamos a lo que íbamos. A que Tristán ama a Iseo, Iseo ama a Tristán, y quienes han visto besarse a Bogart e Ingrid, Glenn y Rita, Clark y Ava y todas cuantas parejas quieran sacar a colación, harán el favor de decirme si hay beso como el de Tristán e Iseo: «Júntanse boca con boca / cuanto una misa rezada», y no es que se besen en misa, pues sigue el romance «llora el uno, llora el otro / la cama bañan en agua» en glorioso anticipo de la cama hidráulica y el yacuzzi. Al final, y esto es hermoso, Iseo queda preñada, pero porque comió una azucena. Compárenme esto con los refociles y despelotes a la moda y vayan anotando que, pasados los tiempos en que la misa actuaba de besómetro, hoy el romance diría: «Júntanse boca con boca / con un beso de rebajas», que es la religión que nos trae de cabeza en estos días.