El discurso

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

UNA LÁSTIMA. El presidente Aznar no logró paralizar la sociedad norteamericana con su discurso en el Capitolio. Ni tampoco supo ofrecer una imagen digna de nuestro país. Una lástima, pero don José María, en la primera intervención de un presidente español en este foro, leyó unos folios que bien pudiera haberlos escrito el propio George W. Bush. Al margen del carácter protocolario y de cortesía que debía de marcar la intervención del presidente español, José María Aznar hizo un salto de larga distancia. Habló de la importancia de una Europa fuerte, pese a que él mismo no reparó en debilitarla. Ensalzó desmesuradamente a los mandatarios estadounidenses. Transformó sus defectos en virtudes. Y, sobre todo, renovó el compromiso de obediencia, sumisión y admiración que ya venía manteniendo. El presidente español ha perdido una extraordinaria oportunidad. La de presentar ante los pocos estadounidenses que lo escucharon la imagen de una España moderna, soberana y con criterio propio. No la de un país recadero. Perdió la ocasión de avanzar el proyecto de un reino que aspira a no tener que caminar por el contexto internacional de la mano de una gran potencia militar. Y no supo, o no quiso, transmitir la opinión de una sociedad que en estos momentos exige explicaciones sobre un comportamiento derivado, precisamente, de ese entreguismo. En los veintidós minutos de intervención ante las dos cámaras del Congreso, la totalidad de los españoles quizás sólo coincidamos con nuestro presidente en una afirmación. En que «el terrorismo es injustificable». Pero se quedó ahí y debió ir más allá. El terrorismo es tan injustificable como lo es arrasar un país y causar decenas de miles de víctimas. Por mucho que la acción esté promovida por otro país que se dice democrático y que cree defender la libertad.