CÉSAR CASAL GONZÁLEZ | O |
04 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.PONTEVEDRA es un juguete que levita. La ciudad, entre el Lérez, el Gafos y el Baralla, es un paseo. Estos días hay dos sitios donde dejar huella. Uno es la exposición de desnudos en Caixanova, que gira por Galicia. Otro, el rescate que hace de las conserveras la artista Nuria Guardiola en el Pazo Mugartegui. Imposible no posar los ojos en un Romero de Torres. Pinta una colegiala, morena de ojos verdes, claro, en la hora del baño, con las monjas al fondo, que altera el pulso. Tremendo Barceló con su desnudo a cuatro patas, un desnudo de una fuerza brutal que recuerda a una loba, al aullido de una loba. Onírico Granell, gozoso Botero, el desnudo es un arte. Otra sorpresa es la muestra del Pazo Mugartegui. Difícil para cualquier obra competir con la belleza del Pazo y de su escondida plaza. Guardiola propone una peculiar recuperación de la memoria. Es el pasado conservero gallego en Bueu, en Cangas, las grandes factorías, aquellas mujeres que se dejaron las manos, nunca mejor dicho, en sus puestos, aquellos hombres que trocearon ballenas a tanto por metro. Imponentes los testimonios. Galicia es como una ballena. Está llena de tesoros y, si uno quiere, se aprovecha casi todo. Como en la matanza. cesar.casal@lavoz.es