LOS OBISPOS se han ido de gira mental por la conquista de las libertades sexuales de los sesenta para achacarles todos los males presentes, incluso el aumento de los malos tratos al débil de la pareja. ¡Qué inmenso error el nuestro creer que todo aquello era elevación, ruptura de represiones, igualación en el trato y ansiada naturalidad! En realidad, estábamos cayendo en el pecado nefando de la imposición del más fuerte y abusador, incluso cuando la novia, ingenua y candorosa, nos decía que le gustaba más Manolito y que qué se le iba a hacer, que nos fuéramos consolando. No hay en el encadenamiento mental de los obispos lógica racional alguna, como no sea la confusión entre salva sea la parte y el Pentateuco, ya que resulta obvio que si uno es libre para el amor, también lo será en caso de desamor y ruptura, sin liarse a mamporrazos con el cónyuge. Además, señores obispos, ¡con lo que aquello nos costó!... Al modo de Virgilio, «la libertad, aunque sea tardía¿».