El salario del miedo

GERARDO GONZÁLEZ MARTÍN

OPINIÓN

EL SALARIO de los políticos es, desde hace tiempo, un asunto inquietante. Nos lo confirma ahora el generoso autohomenaje que se acaba de hacer Ramón Rodríguez Ares, al recuperar la Alcaldía de Sada. En un municipio de 12.000 habitantes escasos va a cobrar más de 59.000 euros anuales brutos, casi diez millones de las antiguas pesetas. Es éste un asunto que no hemos resuelto debidamente desde los orígenes de la democracia. En la fauna política hay ejemplos para todos los gustos: de un lado, presidentes de gobierno y ministros que si vivieran realmente de lo que perciben en nómina tendrían que pasarse media jornada a la puerta de los Jerónimos de Madrid o iglesias de igual señorío para completar con generosas limosnas sus ingresos. De otro, alcaldes de pequeñas localidades que por mor de la autonomía municipal se llevan la parte de león, cantidades absolutamente desproporcionadas para la importancia de los presupuestos que controlan. No es menos cierto que algunos salarios de la Administración se han regularizado y llaman la atención los grandes ingresos que perciben magistrados de los altos tribunales y otros órganos del Estado. Se hacen cruces quienes tienen buena información de lo que cobran algunos altos directivos de no pocas televisiones públicas. El de los políticos no tiene por qué ser el salario del miedo para ellos mismos. La clarificación de esas retribuciones debería producirse regularmente, y que todos fuéramos conscientes de lo que gana, de verdad, un presidente del gobierno, y las limitaciones que tienen sus gastos de representación y demás supuestas bagatelas. Y al otro extremo sería preciso marcar unos máximos que no permitieran a los regidores municipales superarlos. Porque es evidente que nos pueden llamar la atención casos como el de Rodríguez Ares, pero hay innumerables concellos donde alcaldes respetables también tiran del teto del presupuesto de manera totalmente abusiva y, por lo que parece, sin complejos.