La mentira en política

| ENRIQUE CLEMENTE |

OPINIÓN

CUANDO SE DESCUBRIÓ la relación de Bill Clinton con la becaria Monica Lewinsky, se dijo que el motivo de la cacería a que fue sometido el presidente norteamericano no fue la aventura sexual en sí misma sino el hecho de que mintiera. La persecución de los sectores más ultras de la derecha consiguió que Clinton se convirtiera en el segundo mandatario de la historia del país que tuvo que someterse a un impeachment , un juicio político en el Senado. Entonces, ¿qué puede ocurrirle a George W. Bush? Éste basó la guerra contra Irak en la existencia de armas de destrucción masiva. Con el paso del tiempo se ha demostrado que fue una gran mentira urdida y puesta en escena (por el mismísimo Colin Powell en la ONU) para justificar un ataque ya decidido al inicio de su presidencia (como ha atestiguado Paul O'Neill). Bush, apoyado por Blair y Aznar, puso en marcha sus poderosísimas armas de manipulación masiva para que la mayor parte posible de los ciudadanos se tragaran el cuento. Hubo, sin embargo, muchos que no lo hicieron, especialmente en España. La pregunta es: ¿si Clinton fue acorralado, vilipendiado y juzgado, qué habría que hacer con Bush? El primero no dijo la verdad, pero su acción se limitó a mantener una relación sexual. La mentira del actual inquilino de la Casa Blanca causó miles de víctimas. Su intento tardío de desviar la atención culpando a la CIA de la gran farsa y aceptando una investigación sobre el asunto es sólo una cortina de humo para capear el temporal de cara a las elecciones. ¿Quién les devuelve la vida a los civiles iraquíes muertos? En buena lógica, y si mentir es tan grave en EE.?UU., Bush sería un político acabado. Que cada cual saque sus conclusiones en lo que se refiere a Blair y Aznar.