París bien vale una misa

| ALFONSO DE LA VEGA |

OPINIÓN

31 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Y MADRID un besamanos ante la Virgen de Covadonga. Se ha venido aplaudiendo la frondosa biografía de doña Leticia como una importante contribución a la modernización de la Monarquía española. Pero, ¡hala! ¡a Covadonga!, escenario de grandes eventos: la etapa reina de la vuelta ciclista a España, don Pelayo lapidando a la morisma y don Favila despanzurrado por un oso terrorista. Estas mezclas entre lo político y lo religioso confesional, propias de las teocracias del pasado europeo, pero aun vigentes en el Islam con el resultado que es de lamentar, suelen ser un mal asunto desde el punto de vista de los derechos humanos, pues el poder puede transformar a los adversarios o los diferentes en nada menos que herejes. Por eso, desde la Ilustración, una conquista laica irrenunciable en Europa ha sido intentar dejar de lado los símbolos religiosos en la actividad política. Los gobernantes, a gobernar, a ser posible acertada, discreta y honradamente, y los fieles, cada uno a su templo respectivo y Dios en los de todos. Si doña Leticia es una profesional inteligente, liberada, independiente, desprejuiciada, sucesivamente emparejada y desemparejada, desenfadada como nos aseguran, no se entiende qué hace en Covadonga en actitud tan beata e incoherente. Y esto no ha hecho más que empezar. Que si el ramo de novia para la Virgen de Atocha, que si los republicanos catalanes de Rovir eta consideran que eso obliga a un desagravio a la Moreneta. Que si la de la Barca no va ser menos y hay que compensar a Galicia y¿ suma y sigue, pues, ¡será por vírgenes en España! Doña Leticia va perdiendo la batalla por la modernización de la Monarquía antes de empezarla. Pero seguro que en otros tiempos comprendía que una Monarquía moderna y racional es un contrasentido lógico. Un imposible como la cuadratura del círculo. Por mucha Santina que haga milagros.