El paro después del «Prestige»

| MANUEL LAGO|

OPINIÓN

LOS DATOS de la EPA le han puesto cifras concretas a las malas sensaciones que recorrían en los últimos tiempos el estado de ánimo de la sociedad gallega. Galicia es la comunidad autónoma que tiene un peor comportamiento en creación de empleo en el 2003 pero, sobre todo, tuvo una evolución catastrófica en el nivel de paro. El contraste con el resto de España es abrumador, ya que en todo el Estado el paro aumentó en 9.000 personas mientras que en Galicia lo hizo en casi 25.000, por lo que se puede afirmar, al menos en términos estadísticos, que todo el incremento del desempleo del año pasado lo sufrimos los gallegos. Si a estos dos datos le añadimos que Galicia es una de las autonomías con una tasa de precariedad laboral más alta, cinco puntos por encima de la media española, queda dibujado un negro panorama de nuestro mercado de trabajo. Hay razones que lo explican, aunque obviamente no lo justifican. Algunas son coyunturales y otras no. Algunas son económicas y otras políticas. El 2003 es el primer año del Prestige y es evidente que sus efectos negativos no han sido compensados por el Plan Galicia. Los datos revelan que hay aquí mucho chapapote social que nunca ha sido limpiado. Han empezado a aparecer los riesgos y las limitaciones de un modelo económico, en especial en el sector industrial, basado en la precariedad y los bajos costes laborales que puede tener resultados en el corto plazo pero es insostenible a medio plazo, cuando aparecen otros países que quieren y pueden competir con salarios todavía mucho más bajos que los nuestros. El inicio de procesos de deslocalizacion industrial en ramas tan importantes para nosotros como el textil y la conserva son indicios muy preocupantes. Ante estos problemas económicos, la respuesta política ha sido decepcionante. La Xunta de Galicia ha roto con una larga tradición anterior de búsqueda de acuerdos con los empresarios y los sindicatos, en especial en las políticas de empleo, que en general tuvieron buen resultado. 2003 es el primer año sin ningún tipo de acuerdo laboral en mucho tiempo porque la política del consenso ha sido sustituida por la del ninguneo, cuando no la de la confrontación. Ahora la luz roja de las alarmas se ha encendido y nos exige a todos un amplio debate sobre los problemas de la economía y del empleo en Galicia para buscar entre todos las soluciones más adecuadas.