La seguridad a debate

OPINIÓN

27 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

ESTÁ BIEN que nuestros políticos empiecen a hablar cada vez más de aquello que les preocupa a los ciudadanos y abandonen sus excursiones por la inquietante nebulosa del modelo de Estado y sus aledaños. Que el PP y el PSOE se hayan puesto a discrepar, como debe ser ante una cita electoral, acerca de la seguridad ciudadana y la mejor forma de asegurarla, me parece una bendición. Porque, con el ruido que estaban creando, apenas se oía la voz de un ciudadano cabreado que paga religiosamente sus impuestos y que cada vez se siente menos amparado ante una delincuencia crecida. Lo de menos es si la cifra de 32.000 nuevas plazas de policías que Mariano Rajoy promete sacar a concurso en la próxima legislatura es la acertada y si esos agentes llegarán a tiempo para atajar el mal. Como tampoco es la hora de enjuiciar la oferta del PSOE de mil jueces y fiscales y 180 millones de euros al año para agilizar un proceso que parece atascado. Todo sea bienvenido. Lo importante es que hablen de lo que nos interesa, y que ofrezcan soluciones. Luego vendrá el tiempo de exigir que cumplan sus compromisos, que ésa es otra. He querido hacer hincapié en la seguridad ciudadana porque todos los índices disponibles en la Unión Europea y en España son preocupantes, cuando no muy alarmantes. Unos 4.000 grupos de criminalidad organizada operan en la UE, lo cual significa un 25% más que en el 2001, según servicios policiales comunitarios. Estos grupos están formados por unos 40.000 delincuentes. Y la situación, según las mismas fuentes, va a empeorar con la ampliación de la Unión Europea a 25 estados. La situación exige la urgente adopción de medidas que garanticen la seguridad personal, que es la base del propio concepto de una sociedad libre y democrática, de la que tanto nos enorgullecemos. Escribió Manzoni que el delito es un patrón rígido e inflexible contra el cual sólo pueden tener éxito quienes se rebelan por completo contra él. A los políticos les corresponde liderar, organizar y administrar esa demanda social (esa rebelión) contra el aumento de la delincuencia. Bienvenidas, pues, sus propuestas.