PROBABLEMENTE un buen número de mujeres gallegas del PP habrían querido tener el relieve político de la ministra García Valdecasas para, como ella, pedir la dimisión del alcalde de Toques. Otra cosa es que, como la ex delegada del Gobierno en Cataluña, se hubieran atrevido a hacerlo en presencia de Manuel Fraga, conocido el empecinamiento del presidente de la Xunta en minusvalorar el hecho. Incluso hablar a espaldas de él pero previendo que conociera sus manifestaciones. Este caso nos ha demostrado una falta de sensibilidad de Fraga y algunos de los suyos, pero también otros hechos. El mantenella y no enmendella de los dirigentes del PP ha dado a un problema grave, sí, pero que se habría agotado en una breve nota informativa en los medios, el carácter de bola de nieve que se va agrandando y llega a amenazar a quien dejó que así creciera. Mal le va a ir a Mariano Rajoy si los líderes que le acompañan tienen tan poca cintura como los responsables de administrar este asunto, que recuerdan a los mismos que se equivocaron con el Prestige : descuidaron los detalles y los sentimientos en uno y otro caso. Está también el afán de preservar a Rajoy, del que en algún momento se ha dicho que estando como está con asuntos tan importantes entre manos, no se iba a ocupar de estas menudencias. Y al propio tiempo se indicaba que el candidato Rajoy había encomendado a la ejecutiva gallega del PP resolver el caso, depositando en ellos su confianza. ¿Sin conocer el asunto siquiera? Además de la duda de por qué este otro Ares -como el de Sada, o sea patronímico popular- se empeña en mantenerse al frente de un concello de mil y pico habitantes, con tal desgaste, queda por saber si el PP va a ser capaz de mantener en la disciplina a los concejales del pueblo que tantos disgustos ha dado a los populares. Si tampoco en éstos influye una presión partidaria para hacer caer al alcalde, se repetirá la sospecha de que el PP tiene muy serios problemas en Galicia.