El papel de los profesionales

GERARDO GONZÁLEZ MARTÍN

OPINIÓN

22 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

EL PAPELÓN jugado por Alfredo Urdaci en su reciente entrevista al Presidente del Gobierno está en el origen de estas reflexiones sobre la tarea de algunos profesionales de la comunicación. Cada cual sabe hasta qué punto está dispuesto a hacer heroicidades, y no cabía esperar del antiguo compañero de presentación de Letizia Ortiz que se negara a entrevistar a Aznar. Ni siquiera se le podría reclamar que apostillara una tras otra todas las aseveraciones del entrevistado con las que pudiera no estar de acuerdo, que a la vista está debían ser pocas. Pero resulta imperdonable que elaborara un cuestionario falto de toda asepsia y matizado por muy diversas observaciones elogiosas para quien, en definitiva, es el jefe máximo de la casa en la que se le entrevistaba. Son legión los periodistas, y con ellos otros muchos profesionales, que sirven en medios públicos. Y sólo en casos palmarios, como el de Urdaci, la crítica se ceba en ellos. Sin embargo, lo que sucede habitualmente en las televisiones públicas, tantas y tan variopintas, se carga al debe de los políticos y se les zarandea por ello. Como si los intermediarios de todas esas acciones, altos directivos o profesionales de la comunicación, no tuvieran responsabilidad alguna. Como si la profesionalidad no les obligara a mantener actitudes dignas, que sólo algunos irresponsables exigirían que fueran heroicas. En cualquier caso, entre la heroicidad y un cumplimiento un tanto riguroso de criterios profesionales, hay un trecho que se puede recorrer en su segundo tramo sin excesivos riesgos, máxime quienes trabajan para medios en los que el despido raramente afecta a otros que no sean cargos de confianza de alto nivel Sería edificante que profesionales de todas las tendencias políticas, que son instrumentos de manipulaciones o similares, salieran un día a la calle con la pancarta: «Urdaci somos (casi) todos». Y mi solidaridad para los que son excepción, muchos sin duda, pero temo que no más que los otros.