POCAS VECES una frase ha dado tanto juego como la de Zapatero comprometiéndose a no favorecer un gobierno de coalición, aunque sea numéricamente posible, si el 14 M no consigue más votos que el PP. Yo que el secretario general socialista me cuidaría de tanto halagador, como los que le han valorado de manera tan extraordinariamente positiva por una docena de palabras. Han visto un giro copernicano en la campaña, un compromiso ético poco menos que irrepetible, una inteligente maniobra de despego de Izquierda Unida e incluso de los nacionalistas, una fórmula sensata de demostrar que el poder a cualquier precio no es el objetivo de todos los políticos... Ahora va a resultar que no una imagen, como en el dicho, sino que una frase vale mil palabras. Y encima te evitas el engorro de pronunciar las novecientas y pico restantes. De los mismos sectores, o muy semejantes, a los que dan origen a tales elogios, salen otras veces afirmaciones tales como que las palabras tienen que estar sustentadas por hechos. Y es evidente que hasta ahora el PSOE, con toda legitimidad, ha usado el muy democrático recurso del pacto para restarle gobiernos autonómicos y municipales al PP. ¿Dónde están las razones para creer a pies juntillas que lo que Zapatero toleró hasta ayer mañana no lo hará él? No menos notorio es que las campañas, generalmente, aportan pocos votos y son comportamientos anteriores los que hacen decidir al electorado. ¿Verdaderamente ese compromiso, sea ético, estratégico o lo que sea, va a dar la vuelta a las cosas de tal modo? Puesto que parece claro que un mensaje así no se lanza sin un profundo análisis previo, cabe suponer, en lugar de todas las lindezas que se han dicho sobre la frase, que en el entorno de Zapatero han visto claro que el futuro está muy oscuro, e intentan conseguir todos los votos posibles para que, aún perdiendo, éste no sea el final de la carrera política del líder del PSOE. Que en ningún caso tendría que tomar la medicina que prescribe.