El líder en su laberinto

| MARÍA ANTONIA IGLESIAS |

OPINIÓN

PARECÍA que se había conjurado el maleficio, el mal augurio, la profecía de la catástrofe. Zapatero presentaba a su equipo de notables en un golpe de efecto ciertamente brillante que cogió al PP con el paso cambiado. Arenas apenas pudo balbucir un avinagrado contraataque, las esforzadas huestes socialistas recibieron aquello con alborozado optimismo... algún fino analista se atrevió a afirmar que no todo estaba perdido para el PSOE y que de aquí al 14 de marzo podían pasar muchas cosas. Se agitaron los frascos de la alquimia postelectoral,se llego a formar un gobierno «de todos menos el PP». Pero como es bien cierto que es breve la alegría en casa del pobre, las cosas volvieron fatalmente a su sitio. O sea, al confuso laberinto que es el lugar donde habita Zapatero. Un lugar inhóspito y desapacible donde el líder de los socialistas teje y desteje su propio discurso de la contradiccion, para regocijo del adversario y desesperación de tanta gente que desearía poder sacarle de ese laberinto. Aunque fuera a empujones... ¡y mira que la gente es buena y discreta y sabe aguantar el tipo pase lo que pase!... Aunque pasan ya demasiadas cosas: las últimas no les han dado ni un respiro a tantos miles de personas que no quieren perder la esperanza. Primero fue la inestimable ayuda de Rodríguez Ibarra, con su demencial propuesta de aniquilamiento de los nacionalismos perversos . Luego el rechazo sindical, y el desconcierto general, ante la propuesta fiscal que se saco de la manga Miguel Sebastián, en su personal intento de ajustar cuentas con Rato, que ha podido permitirse el lujo de decir que los socialistas quieren beneficios para el gran capital, ¡qué fuerte!... Y para remate, lo del número dos (la número dos) por Madrid, que eso sí que ha dejado al personal sumido en el desconcierto y el desánimo, que no la conoce nadie, que lo de Garzón sí se podía entender, que se habían creado tantas expectativas para esto, dicen. Claro que los derrotistas de siempre ya han vuelto a la carga con que si el problema del PSOE no es el número dos sino el uno. Ese que habita en su laberinto tejiendo, con débiles hilos de confusión, su idea de España, su proyecto de país. Mientras la gente que quiere un cambio echa cuentas que no salen.