CÉSAR CASAL GONZÁLEZ
15 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.VUELVO a arremeter contra los videojuegos violentos. El señor de los anillos es un canto al esfuerzo, a la amistad. Es cierto que el libro y la película incluyen escenas violentas. El ser humano tropieza muchas veces en la misma piedra y suele coger la piedra para tirársela a alguien a la cabeza. Pero el videojuego de El señor de los anillos, que, claro, es el más vendido en esta época, es sólo un campo de batalla. Como otros juegos que tanto gustan, se basa en pelea tras pelea, sin más. Por ejemplo, el enano Gimli tiene que cargarse a no sé cuántos orcos para pasar pantalla. Hombre, eso sucede en la película. Pero es que, en el videojuego, van más lejos y puntúan los hachazos de Gimli como buenos o muy buenos. Con los muy buenos, Gimli avanza más rápido. Tremendo dato para el subconsciente. Con esa violenta simplificación han convertido El señor de los anillos en El señor de la guerra. ¿Dónde está la poesía de los elfos? Por supuesto, el elfo Legolas sólo utiliza su arco y sus flechas. Nada de bellas palabras. John R. R. Tolkien, católico hasta sus boscosas cejas, escribió el libro como una recuperación de los mundos antiguos y de los grandes valores. Si ve el videojuego, se vuelve a morir asustado. Con ese ocio, ¿los adictos no se estarán quemando los ojos y el cerebro?