Los Rodríguez

| ALFONSO DE LA VEGA |

OPINIÓN

PARA ESTRENARSE en el cargo asesor, uno de los flamantes notables de Rodríguez Zapatero, Rodríguez Ibarra, ha presentado una propuesta de quita y pon, demoledora no ya contra los colegas y socios nacionalistas de su jefe, sino contra Zapatero mismo y su propio partido. Demoledora, porque pone ante a un espejo a Zapatero para que vea dónde le lleva sus pactos con los Balbases, Maragaleches, Rovireches, ¿Ibarreches, en marzo? Y le muestra la incoherencia y debilidad de su liderazgo, desgraciado por las malas compañías. Pero Rodríguez Ibarra no es un militante socialista de los de quita y pon. De esos virtuales que duran en la agrupación local sólo que hace falta para que su señorito sea elegido para el cargo y el oportuno ordeño de presupuestos, como en Madrid o en Sada, en esto perfectamente convergente con los usos y costumbres generales. No, el presidente extremeño es un político de vocación y sabe bien que lo más importante para un político es durar, que lo del guión ya se verá. Se improvisa o se repite lo que diga el apuntador. Y, él como Bono, o como otros dirigentes, le ha visto las orejas al lobo electoral, y barrunta que ya que el partido socialista está perdido para la causa española, hay que salvar el pellejo para otras ocasiones. Soldado que huye sirve para otra guerra (u otras elecciones). «España ha muerto, viva mi taifa». Pero «la verdad es la verdad la diga Agamenón o su porquero». E Ibarra ha puesto el dedo en la herida. Una herida por la que se desangra España y cuya hemorragia convendría cortar antes de que se lleve por delante al enfermo. Quizás ya han pasado esos idílicos e ingenuos tiempos en los que, con Azaña a la cabeza, pensábamos que los diferentes nacionalistas querían de verdad integrarse más cómodamente en España y buscaban contribuir a construir un universo español, es decir un uno en lo diverso , en vez de explotar un excluyente pesebre taifal. Pues Castelao se llamaba Rodríguez.