LOS PAISANOS de a pie estamos en la berza. Nos faltan datos y emitimos juicios económicos temerarios. Somos tan parvos, que aparece un informe de los sabios de la Fundación de las Cajas de Ahorro diciendo que Galicia es la tercera autonomía que menos ha crecido en ocho años y estamos a punto de creérnoslo. Por fortuna, la Xunta nos libra del error y nos aclara que los datos fetén son los suyos, en los que se certifica que Galicia galopa a un ritmo tal que amenaza con sentarse en el G-8 cualquier día de estos. Pero no aprendemos; seguimos empecinados en la burramia. Vamos de viaje a Madrid y encontramos el metro salpicado de vagabundos sin hogar. Sales de cañas, y la gente te cuenta que suda frío para llegar a fin de mes, que ha suscrito una hipoteca de Damocles y que sus hijos tienen un futuro laboral similar al de Frank Rijkaard en el Barça. Lees las estadísticas del Inem y te sorprenden al afirmar que en España aún hay millón y medio de parados. Pero por fortuna tenemos a Aznar. Él, que tiene todos los datos, sabe que los parados son unos cachondos que bromean apuntándose al Inem, que los vagabundos son actores pagados para dar color a las calles y que los contratos basura son una leyenda urbana de los chavales. Por ello, ha podido declarar alto y claro en Estados Unidos que «España es un país con 43 millones de ciudadanos de alto nivel adquisitivo». Y nosotros, desde nuestras cortas luces, le creemos. Todos ricos. Amén.