Por abajo y por arriba

| XOSÉ LUIS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

14 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

LOS DEMÓCRATAS creemos que el Estado se construye desde abajo, como resultado de las preferencias y los valores expresados por ciudadanos libres. Y los fascistas creen que el Estado se hace desde arriba, incubando un modelo ideal en la mente del führer , y poniendo la ley y la fuerza al servicio de una entelequia. Esa es la diferencia fundamental que separa a los demócratas de los que no lo son. Y ese es el motivo por el que hay que estar vigilantes para no confundir el fervor que sienten algunos por un Estado fuerte y ordenado, que pone la sociedad a su servicio, con la apuesta que otros hacemos por un Estado transparente y bien organizado, que sólo tiene sentido y valor cuando se pone al servicio de la libertad y el bienestar de las personas. Valiéndome de esta perspectiva, creo que la reforma electoral pergeñada por Rodríguez Ibarra, que pretendía expulsar a los nacionalistas del Congreso de los Diputados, no puede ser analizada como una simple equivocación, o como el calentamiento de boca de un político que, ocupado en la cosecha de votos, carece de tiempo para actualizar sus menguados conocimientos. Porque lo que acaba de decir Rodríguez Ibarra ya lo habían dicho algunos tertulianos que tienen la condición de catedráticos, y porque lo que el presidente extremeño formuló con los tintes tragicómicos de un elefante metido en la cacharrería, se inspira de hecho en la cultura democrática difundida por el PP y secundada por el PSOE, con la típica actitud del que tiene cosas que hacerse perdonar. La idea de que, si el pueblo no va por la vereda que se le traza, hay que corregir al pueblo, está en la base de algunas reformas llevadas a cabo en la última legislatura, casi todas pensadas para controlar la voluntad de los diputados y a reducir los márgenes de acción de ciertos electorados. Y la idea de que los electores vascos y catalanes están estropeando el maravilloso cuadro de España pintado por Aznar, es algo que se creen a pies juntillas la gran mayoría de los españoles comprendidos entre Antequera y el Páramo de Masa y entre Aragón y el Finisterre. Y por eso tenemos la obligación de recordar, las veces que haga falta, que toda idea de España que esté preconcebida, y que sirva para determinar si los ciudadanos nos equivocamos al votar, huele a fascismo. Para Rodríguez Zapatero, y para su propuesta de diálogo y firmeza , las palabras de Rodríguez Ibarra son como un arma de destrucción masiva, que echan por tierra miles de horas de trabajo, iniciativa y esperanza. Y por eso me permito recordarle al PSOE lo que con tanta brillantez le dijo Anasagasti: «El que contrata mariachis -¡viva México!-, acaba escuchando rancheras».