PACO SÁNCHEZ | O |
10 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.LLEVO una semana preguntándome si el Dimas que conocí en Lanzarote, durante la mili, es el mismo que tenía que entrar ayer por tercera vez en la cárcel. No se parece al que veo en las fotos de prensa, pero aquel Dimas también era un político cacique, me dijeron. Sólo hablé con él unos minutos. Pasaba de la medianoche y mi teniente y yo habíamos andado ya varios bares de Puerto del Carmen. El teniente no estaba bien y necesitaba un desaguadero, alguien a quien contar. La casualidad me puso en medio, y el hombre empezó a beber y a hablar. En la barra del último local nos alcanzó Dimas, un tipo más bien alto, que iba trajeado y borracho. Debía de conocer al teniente o quizá se acercó a impulsos de esa familiaridad que se adueña del bebido. Al poco se dirigió a mí para pedirme que le echara un pulso. Me negué. El teniente dijo algo. Él insistió. Al final, sobre la barra, echamos un pulso rápido y sin sentido. Cualquiera gana a un borracho: en dos segundos estaba a punto de rendir su mano derecha sobre la barra, pero sacó la otra para evitarlo. Me dijo entre risotadas: «Para que digas por ahí que el alcalde utiliza a la izquierda para ayudar a la derecha». Pues lo digo. Según mis datos, Dimas Martín entonces no era alcalde.