A TORRE VIXÍA
09 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.¿QUÉ QUISO decir? ¿A qué dioses quería aplacar? ¿Con qué segmento de electorado se quiso quedar Rodríguez Zapatero cuando, después de prometernos firmeza y diálogo, avaló su programa con la estúpida afirmación de que jamás habló con Arzalluz? Si la Bolsa sube, los trenes se inauguran y la educación se reforma; si los pensionistas están tranquilos y los funcionarios resignados; si la economía y el empleo crecen más que la media europea y los empresarios ganan dinero a espuertas; si somos la Meca de los inmigrantes y hacemos más turismo que nunca, da la sensación de que lo único que necesitamos es cambiar el talante de gobierno, arrumbar la crispación artificialmente generada, dejar de confundir la grandeza con la guerra, y rectificar la engolada superficialidad con la que vamos por Europa tocando las narices. Y por eso no se entiende nada cuando, para demostrar que hay alternativa, pasan por la cuestión europea sin fijar su postura ante la nueva Constitución, ponen a Rodríguez Ibarra como guardián de las esencias de una España más cutre y dogmática que la del propio Aznar, y se asoman al problema vasco con todos los prejuicios fabricados en los talleres electorales de Mayor Oreja. ¡Sencillamente desolador! Pillados en la trampa de la oposición responsable , y necesitados de crear una alternativa a marchas forzadas, los asesores del PSOE parecen haber optado por los decorados de cartón piedra, como si los españoles estuviesemos viendo la película electoral en vez de protagonizarla. ¿Qué significa la palabra firmeza cuando nadie se atreve a conjurar el fantasma de Bono? ¿De qué vale invocar el diálogo cuando se encomienda a Rodríguez Ibarra la representación de un patriotismo de pandereta? ¿Qué significa una descentralización hecha a base de retales inconexos que contradicen el discurso general? ¿Por qué no hay más innovaciones que las que vienen exigidas por la necesidad de contemporizar con Maragall y Chaves? ¿Qué complejos atenazan a un partido que no se atreve a salir a campo abierto sin el rancio aval de algunos técnicos y académicos que ya no viajan en el tren de la modernidad? No hay cosa que más desee que una alternativa realista y eficiente que me libre del inminente fiasco de otra mayoría absoluta. Pero no quiero que me pase el turno electoral con un simple cambio de equipos -Blanco por Arenas, por poner un ejemplo-, sin que alguien me ofrezca un nuevo discurso para España, para Europa y para mis ansias de democracia radical. Porque si el objetivo es cercar a Ibarretxe y ganar votos a costa de la España cañí, prefiero que lo haga Aznar o un miembro destacado de su escuela. Porque lo hacen mejor y son más auténticos.