El rapto de Europa

JOSÉ JAVALOYES

OPINIÓN

AUNQUE en Flandes no hay corridas, otro toro está en la plaza. Un morlaco capaz de consumar el rapto de Europa: de la Europa como sugestivo proyecto de vida política en común para las naciones que la componen. Los servicios jurídicos de la Comisión entienden que la exoneración de responsabilidades hecha por el Ecofin a Francia y Alemania, por incumplir el Pacto de Estabilidad y el propio Tratado de la Unión, no es conforme a Derecho. No está bien, reza el dictamen, que el eje franco-alemán se vaya de rositas luego de su contumacia en el incumplimiento de la normativa sobre el déficit presupuestario. Si a las naciones modestas, como Portugal, que trasgredieron, se les aplicó -como a la gente- la legislación vigente, no se les debe dejar de aplicar a las naciones grandes. Es jurídicamente inaceptable y políticamente escandaloso que para Francia y Alemania se suspendiera la vigencia de esa misma norma. Transar en ello sería aceptar dos varas de medir, admitir que la única ley de vigencia garantizada es la ley del embudo. Pero aun así no está nada claro que el asunto llegue hasta el Tribunal Europeo, tal como plantea Pedro Solbes, el comisario de Economía. Hay algo más desalentador que la Europa de las dos velocidades. Es la Europa de las dos varas de medir, de los dos ámbitos de poder -el institucional y el fáctico-; la Europa de los señores y la Europa de los vasallos, que renuncian a derechos a cambio de subvenciones que financian su mediocridad política y les convierten en nichos de mercado para los grandes. Hay una forma de rapto de Europa que es la de la perversión del proyecto primigenio de los padres fundadores , todos ellos en las antípodas del nacionalismo chiraquiano y schroderiano: Schumann, un francés medio alemán; De Gasperi, un italiano mitad austríaco; Adenauer, un alemán casi lendakari, que tuvo sueños de campanario antes de ser canciller.