Barcelona

| PABLO MOSQUERA |

OPINIÓN

LLUIS GENE

04 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

MEDITERRÁNEA. Tras la cita olímpica del 92, cambió su mirada. Dejó de crecer hacia la montaña y se abrió al Mare Nostrum, trasformando ruinas industriales de la época del textil en muelles, con apartamentos, hoteles, tiendas y ocio. Precisamente, aquel éxito integral, sin precedentes, tuvo en el alcalde Maragall, a uno de sus principales artífices. Civilizada. La primera ciudad que descubre, en España, la importancia de la actividad ferial, en el marco de la falda de Montjuich; más tarde la actividad comercial de sus calles más emblemáticas, como Diagonal, Ramblas y Paseo de Gracia, este último donde las mejores firmas del mundo de la moda se acomodan en los edificios de la arquitectura modernista del siglo XX. Culta. Con una oferta de museos que hace las delicias del turismo de calidad, que puede disfrutar con el patrimonio antiguo del arte medieval o del renacimiento en el Museo Nacional de Cataluña; pero también con las obras de Miró, Tapies, Dalí, Picasso; sin descuidar a los pintores mediterráneos como Rusiñol y Fortuny. Histórica. Con uno de los cascos góticos más hermosos de España, entre la Catedral y Santa María del Mar, entre los restos de la muralla, con el sonido de los trovadores que ocupan sus plazas y callejas, al mismo tiempo que hay espacio para los modernos diseñadores de la ropa juvenil como Custo. Bohemia. Entre las calles que acompañan a las Ramblas de las Flores, cerca del recuperado Liceo, circundando a la plaza Real, comprando en el viejo mercado del Borne, para llegar hasta la estatua de Colón, cerca de las Atarazanas, hoy espacio expositivo de la ciudad. Pero Barcelona es Gaudí. Un hombre detestado por la dictadura y sus acólitos del periodismo, que hizo espacios entre escaleras que eran guirnaldas, que jugó con la piedra, dándole vida, o acercándola a Dios, en una expresión de misticismo, que algún día culminará en la Sagrada Familia. En una ciudad así, el libre pensamiento, la convivencia entre catalanes y españoles que se hacen catalanes, el diálogo y la negociación, pueden devolver a la política dos propiedades indispensables: El mestizaje de los modelos para avanzar. La alternancia para recuperar la excelencia de la democracia No olvidemos que nuestra historia, cuando entra por el Mediterráneo, es brillante y capaz de impregnar al resto del país. Conviene ir de vez en cuando a Barcelona y aprender.