Berlusconi

| PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS |

OPINIÓN

ITALIA se paraliza en huelgas interminables, los pagos públicos se demoran, el escándalo de la quiebra de Parmalat, con desaparición de cientos de millones difuminados en falsos balances y con altos ejecutivos que huyen del país, extiende un gran descrédito. El Cavaliere deja la presidencia europea con sensación de fracaso y frivolidad, tras ganarse la enemiga Alemania por sus zafios insultos. Y ahora apela sin rebozo al Decreto-Ley para reactivar los efectos de una norma hecha a la medida de la conveniencia de su imperio mediático, rechazada por el presidente de la República por vulnerar el pluralismo informativo. Y los jueces, en fin, entre el temor y la impotencia, no sabiendo a qué atender en medio de un gran desprestigio. La crisis afecta a los tres clásicos poderes, subsumidos ahora en uno sólo y formalmente democrático. Siempre se ha dicho que en Italia hay mucha sociedad y poco Estado y que, aún así, la nave va¿ Pero, ¿hasta cuándo?