LIBIA acaba de renunciar a las armas de destrucción masiva y la ONU ha puesto fin al embargo de veinte años que mantenía aislado al coronel Gadafi. ¿Quién puede apuntarse el tanto? Las cosas no ocurren por casualidad, ni súbitamente. Recordemos el inesperado viaje de Aznar a Trípoli. En menos de un mes se entrevistó Aznar con todos los dirigentes del Magreb. Es evidente que esta jugada estratégica es más amplia y por tanto el mérito no es solamente español. Libia venía siendo presionada por EE.?UU. y Gran Bretaña, después del mea culpa de Gadafi sobre el derribo de dos aviones. Pero el gol se lo pusieron en bandeja al presidente español. Gadafi, el viejo coronel, alentador del terrorismo islámico, ya tiene un hijo (Saif Al Islam) que no está por la revolución islámica de su padre, de hace treinta años, y le reclama que explote las enormes posibilidades que ofrece Libia para la inversión extranjera, lo que llevará el desarrollo económico del pueblo. ¡Ojo a Libia! Pero esto mismo está sucediendo en los otros países del Magreb -Túnez, Argelia y Marruecos- donde EE.?UU. ha duplicado recientemente la ayuda de cooperación en defensa. Por eso no debe extrañarnos que esos países, que son el área de expansión francesa, estén sometidos a presiones exteriores para que se adhieran a la modernidad llamada occidental. En el fondo, en esta jugada estratégica iniciada por Bush se pueden observar dos objetivos: el cerco a Bin Laden (restándole apoyos de países islámicos) y el enfrentamiento con Chirac en el Mediterráneo, convencido de que ese espacio es para el expansionismo francés, por su superioridad geopolítica y estratégica. El Magreb se revela, así, como el área africana más próxima a Occidente, en la que dos personajes que parecían estar fuera de juego, de pronto, se han puesto a jugar y han metido un gol que ha asombrado a propios y extraños.