Todavía no sabemos

OPINIÓN

HAY ALGO patético en ese esfuerzo estadounidense por convencernos a todos de que Sadam Huseín, el anciano desnortado que capturaron en un zulo hace unos días y que fue el sanguinario presidente de Irak durante muchos años, era el dirigente supremo de la resistencia organizada y, por lo tanto, el responsable del terrorismo y del caos que reinan en Irak. Es un disparate más en una manipulación interminable. Otra parte de una historia que deberá ser enteramente reescrita para destilar de algún modo una verdad necesaria para la salud mental de todos nosotros. Todavía no se ha divulgado la verdadera historia de los orígenes de esta guerra. Todavía no se ha contado el papel determinante del vicepresidente Dick Cheney, auténtico vendedor de la necesidad de la opción bélica, con grandes intereses petroleros detrás y con el apoyo de unos servicios secretos que ya no se sabe si investigan para proveer de datos a sus jefes o si simplemente lo hacen para justificar las decisiones que ya han adoptado. (La revista Newsweek le dedicó un reportaje claramente inculpatorio al vicepresidente más sibilinamente activo de los últimos tiempos: El largo camino de Cheney a la guerra ). Todavía no se han encontrado las famosas armas de destrucción masiva que justificaron todas las precipitaciones guerreras y que hoy apenas se recuerdan. Todavía no se sabe por qué se eligió Irak para combatir un terrorismo islámico que claramente no tenía su sede allí. Todavía se desconoce si en verdad esta guerra se llevó a cabo por alguna causa que aún no permanezca oculta (incluso en el subconsciente de Bush, un bosque psicológicamente impenetrable). Todavía. Y sin embargo ya casi todo es irreversible. Alcanzada ya la mitad de una ciénaga en la que nunca se debió entrar, el horizonte de la coalición ahora es no salir de allí sin que todo este desaguisado tenga sentido, con una zona mesopotámica más segura. En ello se afana el ahora moderado Bush, cuadrando las cifras del negocio en busca de un balance que le permita ser reelegido. Grupos económicos más poderosos que muchos Estados se preparan para «vendernos la moto»(Noam Chomsky). Todavía.