Golpe de timón

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

22 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

ENTRE VIAJES SECRETOS a Irak, sometimientos de Gadafi y discusiones sobre el federalismo asimétrico, se nos está yendo el año. En polémicas estériles. Y los gallegos lo despedimos como lo iniciamos. Con malos augurios, con desazón y con la sospecha de que el próximo no va a ser muy diferente del que estamos a punto de acabar. Este periódico nos ha ofrecido a lo largo del fin de semana una serie de datos para la zozobra. La inversión extranjera cayó en nuestra comunidad un 76%, en el peor año desde 1992. El peso del empleo agrario descendió del 50 al 10%. Y el sector textil, el más representativo y de los más punteros de nuestra economía, ha perdido 10.000 empleos en año y medio. Los datos no son propicios para el optimismo. De forma especial si a ellos unimos los que en los últimos doce meses se nos han ido dando. De empleo, crecimiento económico, inflación y bienestar. Todos juntos nos dibujan un panorama ciertamente desolador. Una perspectiva que nos indica que nos hallamos al límite. Galicia no es el paraíso que nos retrata algún periódico inglés cuando se decide a elogiar nuestro marisco, nuestras playas y nuestra morriña. Galicia responde más a lo que día a día vemos y comprobamos. A esa caída libre de nuestros sectores más productivos. Mientras otras comunidades españolas afrontan el futuro con optimismo, aquí vivimos bajo el síndrome de la depresión. Levantándonos cada mañana con la angustia de que el día no sea peor que el anterior. Es una forma de entender la supervivencia. Por eso, Galicia necesita un golpe de timón. Sin demora. Precisamos confiar en nuestras posibilidades, si es que las tenemos. Necesitamos el liderazgo del que carecemos para que nos saque del pozo. Porque así es imposible seguir. Por mucho que los niños de San Ildefonso nos hayan echado una mano. Haciendo felices a unos pocos.