La desunión europea

OPINIÓN

CUANDO las cosas no van bien en Europa, enseguida se habla de riesgo de parálisis, retroceso, descomposición o, lo que es peor, disgregación (es decir, formación de grupos dispuestos a avanzar a distintas velocidades). Y ahora estamos en uno de esos momentos que les prestan alas a los europesimistas. La carta de los seis contribuyentes netos al presupuesto comunitario indicándole a la Comisión que el gasto debe fijarse en torno al 1% del PIB entre el 2007 y el 2013 no ha podido ser más inoportuna. El mismo hecho de que se haya enviado dos días después del fracaso de la cumbre de Bruselas, en la que no se pudo aprobar la Constitución Europea, demuestra lo poco que se cuidan las formas en estos momentos en la familia europea. La carta estaba escrita desde antes de la fallida reunión, pero «alguien» decidió vincularla, con su envío inmediato, al fiasco constitucional, como si fuese una consecuencia de éste. Una manera de relacionarse y de cruzarse mensajes que causa desazón. Porque en estas formas anidan y se transparentan muchas amenazas y no pocos rencores. ¿Quién amenaza? El eje París-Berlín, con el respaldo de Londres. ¿Quiénes están siendo amenazados? Madrid y Varsovia, es decir, el país que más fondos recibe hoy de la UE (España) y uno de los que más iba a recibir en el futuro (Polonia). Chirac y Schröder están emitiendo con claridad: quienes paralizan ahora el avance de la Constitución Europea no deben esperar mucha solidaridad en el futuro. Según «The Financial Times», «la Unión Europea debería cambiar el nombre por el de Desunión Europea». El despotismo de los fuertes, en el que se ve más la soberbia humana que la habilidad política, dice mucho sobre la falta de talla de sus líderes. Es verdad que el guiso tiene demasiados ingredientes para que sea fácil de preparar: La guerra de Irak (con la división europea), el Tratado de Niza, la UE de 25 Estados, el escaso crecimiento económico franco-alemán, etc., han puesto a la familia de uñas. Pero España debe afanarse por recuperar alianzas antes de que los enconos se solidifiquen. La actual soledad es una opción que podemos acabar pagando demasiado cara.