NO HAN DEJADO colar ni una. Hasta donde llega mi información cuando escribo, el PP no ha aceptado una sola de las numerosísimas enmiendas presentadas por PSdeG-PSOE y BNG a los presupuestos de la Xunta para 2004. Y a pesar de eso, cuando tenían a los diputados socialistas y nacionalistas mallados, les han dicho: Y ahora, hagamos el gran pacto del Medio Ambiente. Sarcástico, por no aplicarle un calificativo menos complaciente. Con estos modos aún se estaría discutiendo la Constitución de los veinticinco años de vida y ni siquiera habrían sido posibles los Pactos de la Moncloa, que fueron el inicio de un nuevo estilo de gobernar, en la transición, que tantas veces se añora. Las mayorías son para algo, y nadie está en condiciones de reclamar para las minorías que le hagan los presupuestos a los gobiernos, ¿pero es creíble que en cientos de sugerencias no haya una sola aprovechable, ni una que mejore el proyecto que ha presentado el ejecutivo de Fraga? Si el PP pudiera demostrar tal cosa, habría que pedir la retirada del sueldo a los diputados nacionalistas y socialistas. Pero nadie cree que pueda ser así. No es creíble que ni siquiera hubiera una idea conciliable con los presupuestos, que los mejorase en un punto, cuando nadie ha dicho hasta ahora que constituyan precisamente un ejercicio hacendístico como para pasar a la historia. Acorralar a la oposición, despreciar su trabajo, no parece la mejor fórmula para mantener tendidos unos puentes que en cualquier momento pueden resultar necesarios. En otro Prestige , del tipo que fuere, y no quiera Dios que probemos la misma medicina, ¿se les pediría consenso a los mismos a los que ahora se margina tan ostensible, tan gratuita, tan innecesariamente? Manuel Fraga, al que no sin razón se ha calificado más de una vez de hombre de Estado, no puede seguir siendo cómplice de un temperamento agresivo que recuerda más a los halcones que a las palomas que deberían volar parejas con las gaviotas del PP.