CARLOS G. REIGOSA
12 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.NADIE descarta que termine en un fracaso la cumbre de la UE que se está celebrando en Bruselas con el propósito de aprobar la Constitución europea. Y esto podía ser preocupante. Sin embargo, ninguno de los dirigentes concernidos se muestra pesimista sobre el futuro de Europa. Es como si todos se hubieran enfrascado en una batalla que nadie puede ganar y que, a la postre, por arte de birlibirloque, se convertirá en una victoria más de ese gran logro comunitario que es la Unión Europea. ¿Están jugando con fuego? No lo parece. En realidad, todos se conocen ya muy bien, se reconocen como miembros de la misma familia y saben que la sangre no debe llegar al río. Las reglas del juego tampoco han cambiado. No cede el canciller alemán Gerhard Schröder, no cede el presidente de Polonia, Alexander Kwasniewski. Porque lo normal en familia es que todos los miembros cedan para acomodarse y pasar las navidades juntos. ¿Pretende el eje franco-alemán romper esta vieja dinámica? Amenaza con ello, pero es muy dudoso que hable en serio. No está bien visto en ninguna familia que los más ricos avasallen a los que tienen menos. Una familia es otra cosa. O no es nada.