El telescopio de Beiras

| EDUARDO CHAMORRO |

OPINIÓN

CUANDO ALGUNOS municipios de la Costa da Morte decidieron votar por el Partido Popular y darle así la victoria en las elecciones municipales más recientes, ellos dijeron que esos eran los votos del chantaje, de los paniaguados y etcétera, hasta desplegar un nutrido catálogo de lindezas para los que les retiraron la confianza y para cuantos no les dieron el poder. No hay seguridad de que quienes de tal modo se desataron hasta quedar satisfechos, confundieran el derecho al voto con el deber, sumamente presumido, de votar con cautividad de voto. De lo que sí la hay es de que el talento brilló entonces por su ausencia al afrontar el resultado electoral adverso de una campaña en la que los hechos se fusionaron con los escasos reflejos de un Gobierno al que la tragedia pilló en traje de deportes. En ese mismo sentido, también se mezcló el retraso de ese mismo Gobierno en dejarse caer del guindo, con una inepcia paliada por la precisión con que se enmendaron las consecuencias más directas e inmediatamente sentidas. Luego se dio por supuesto que la marea de gente que acudió a prestar su ayuda en la lucha contra el chapapote iba a convertirse en resonancia de las proclamas y pancartas con que se ilustró la pantomima y la burla en que culminó un ejemplo notable de traslación de la política al espacio lúdico, y de conversión de la crítica en la pirotecnia de las palabras hechas centellas. Se confundieron muchas cosas. Se hizo del chapapote patrimonio de un fogonazo político, al igual que se estableció la igualdad entre la aversión a la guerra y la ponderación de una política que, si bien mal vista por una oposición que para eso está -aunque sin necesidad de agotarse en tan denodado esfuerzo-, no parece que deje de resultar mayoritariamente eficaz o, al menos, no tan desagradable como el discurso del BNG la presenta. Los resultados de aquella campaña salieron mal dados o sin levantar la cabeza más de un palmo por encima de ese nivel medio ante el que hay que poner cara de circunstancias. Se ganó por aquí y se perdió por allá, cosa normal en todo el mundo pero que aquí tiene la ventaja de una enmienda por la vía de sumar mayorías más o menos naturales. Eso es algo que facilita las cosas, si bien de un modo engañoso, porque traslada la voluntad del voto a la capacidad y destreza de quien sepa organizar y constituir esas mayorías sin perder de vista el talento y la voluntad política para percibir lo que pasa, ordenar el significado de su sentido y distinguir lo que es natural de lo que resulta artificial y absurdo. Cuando, en esas circunstancias, lo que se impone es un dictado de la pasión individual asumido por un aparato miope, entonces es que no hay talento, ni destreza, ni capacidad para dejar clara, nítida, íntegra e incólume la imagen, la idea y el sentido de la voluntad política. Beiras justifica la decisión adoptada por el BNG en Vigo haciendo alarde de su falta de ganas para pactar «con un habitante de Sirius». Hay diccionarios y enciclopedias para averiguar qué cosa es Sirius, dónde está y hacia dónde se mueve. No hay dónde mirar para averiguar lo mismo en cuanto al presidente del Consello Nacional del Bloque.