Diputaciones provinciales

| PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS |

OPINIÓN

FERNÁNDEZ MOREDA ha dicho sobre las Diputaciones provinciales que «o las reformamos y les damos un auténtico papel en el Estado de las autonomías o es mejor que desaparezcan». La disyuntiva es acertada, porque las diputaciones encajan en el Estado autonómico con la misma naturalidad que Pavía en el Parlamento o un caballo en una cacharrería. Pero el problema no estriba en que estas instituciones estén subordinadas al Poder autonómico -cuestión que ordena nuestro Estatuto- sino justamente en cómo integrarlas de manera eficaz en el global esquema orgánico-institucional, dado que, protegidas como están por la garantía institucional , son de momento de imposible supresión. Nacidas y criadas a los pechos del Estado centralista, para asegurar su presencia en toda la geografía y servir de base de reclutamiento de un único Parlamento central, las diputaciones son un vestigio de estructuras políticas pretéritas. Y es bueno abrir un debate sobre su futuro.