El casco, el sida

OPINIÓN

05 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

SI ESTOS DÍAS han seguido las páginas de sociedad recordarán que ha sido noticia destacada la objeción de conciencia esgrimida por tres cadenas de televisión, de adscripción católica, para negarse a emitir una campaña de prevención del sida del Ministerio de Salud. Sucedía esto en el antiguo Reino de Chile. Para ello se aducía que dicha campaña propugnaba el uso de preservativos. Con certeza no era este el problema principal de la sociedad chilena en los días que tal hecho se convertía en noticia. Además de los usuales problemas económicos y políticos que cualquier sociedad avanzada, y ese es el caso chileno en el contexto americano, tiene continuamente, aparecía un grave escandalo de pederastia en el que se veían involucrados algunos políticos, policías y jueces. Sin embargo ninguno de dichos problemas, incluidos los tratatados de libre comercio con Corea del Sur o Nueva Zelanda, alcanzaron eco en la prensa europea. Tampoco fue noticia la influencia de los lobbys ecologistas estadounidenses-chilenos en el control de la no destrucción del bosque autóctono. Y sin embargo el boicot formulado y ejercido por la televisión de confesión católica por el uso del preservativo, si llegó hasta la prensa europea. Ustedes disculpen si ofendo, pero esa objeción no puede dejar de ser sentida como piedra de escándalo por quienes conformados en una cultura cristiana, conocen bien de la figura de los fariseos. Y no se sorprendan de tales hechos pues si tuvieren memoria y edad para ello, algunos recordarán, pasados catorce años, que en las postrimerías del gobierno tripartito se pudo vivir en Galicia una sensación pareja, ante un hecho similar. Cierto que en aquel caso no era la jerarquía o la propiedad católica quien como fariseo se escandalizaba, sino candidato y partido que meses más tarde y por tantos años como van desde aquella, tendrían el gobierno en esta tierra. Recuerden la campaña: Pónlle casco ó sida. Voces tronantes arremetieron contra ella. Contra toda racionalidad. Luego, en el poder, a la chita callando, rectificaron. Hoy en Chile lo sucedido aún es cotidiano. También en democracia. Vive Don Augusto. Tampoco hay divorcio.