Cartas marcadas

| CARLOS PUNZÓN |

OPINIÓN

EL PRÓXIMO día 13 Vigo vivirá por primera vez en su historia democrática reciente un cambio impuesto en la dirección de su alcaldía. La ciudad más poblada de Galicia vivió la transición muy convulsionada social y laboralmente pero lo cierto es que en su único referente institucional local, el Ayuntamiento, dejó para la historia una de las más marcadas estabilidades de toda la Galicia urbana, aunque no por la mesura de su alcalde, que no la cultivaba, sino por conseguir mantenerse en el cargo durante doce años. Desde entonces la ciudadanía y también los partidos políticos se han sucedido en las citas con las urnas en la denominada prueba-error de la que no se ha salido, acumulando hasta cuatro regidores más en otros tantos mandatos en los que se esperaba encontrar el reclamado norte político. Pero la brújula todavía no se detiene y parece que la aguja ya no dejará de dar vueltas. Porque mientras va calando la certeza de que el día 13 la popular Corina Porro será la nueva alcaldesa, la frase más temida para la estabilidad política amenaza sus pasos. El secretario de Organización del PSOE, José Blanco, mostró ayer el órdago a la grande en esta partida cogiendo a contrapié a los nacionalistas al plantearles secundar entre ambos una moción de censura con la que restaurar a Ventura Pérez Mariño en la alcaldía y dar de nuevo vida al gobierno de progreso que desde el BNG se asegura querer conseguir. La estrategia de la censura no está diseñada esta vez para atemorizar a la virtual alcaldesa, sino para intentar retratar a los nacionalistas haciéndolos únicos responsables de la existencia o desaparición de un acuerdo entre las dos fuerzas de izquierda. Blanco parece querer conminar a Castrillo y su equipo a un volvamos a empezar o de lo contrario expliquen y convenzan a los vigueses de por qué no quieren a Pérez Mariño. Una jugada de mus que los nacionalistas todavía no envidan, porque ni siquiera la contemplaban, pero que nadie espere que la secunden, por lo menos por ahora mientras todos los protagonistas de esta crisis sigan en la misma escena. El BNG también hará su particular apuesta, que en definitiva sólo tendrá un vencedor, el que logre convencer a más gente de que el otro, el adversario, fue quien desde el pasado 14 de junio jugó la partida del pacto de Vigo con las cartas marcadas