Guerra de la información

| JOSÉ JAVALOYES |

OPINIÓN

02 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

EN TRES días se han cruzado dos noticias derivadas de la guerra de la información que se libra en Irak. La última ha sido la captura y/o muerte de Ezzat Ibrahim, segunda jerarquía del régimen de Sadam; la anterior, esa emboscada mortal al sur de Bagdad en la que murieron siete agentes del CNI. Los dos hechos resultan impensables en su posibilidad sin el concurso de la información y las delaciones. Pertenecen ambos a la guerra de la información que se libra en Mesopotamia y que convierte la posguerra en una contienda de características inéditas hasta el momento. Tiene mucho que ver, sin embargo, con aquello que Napoleón decía de que las guerras se ganan con dinero. En ésta, desde luego. Concurren condiciones muy concretas para que sea así. El dinero de la Banca oficial de Irak, cuyas arcas fueron vaciadas en vísperas de la caída de Bagdad, se acumula y añade a los fondos obtenidos por el régimen depuesto con el contrabando de petróleo practicado desde l99l. Son ingentes cantidades de dinero en divisas. Permiten llevárselo todo en la subasta de los confidentes y soplones. Los ocupantes disponen de una insondable capacidad de fuego y movimiento; los resistentes, de un pozo casi sin fondo de dinero para adquirir la información relevante y comprar los silencios frente a los ocupantes. Sobreviene con ello si no una equiparación final de capacidades, sí aptitudes para resistir superiores, incluso, a lo que permitirían orografías más aptas para las actividades guerrilleras. Esa ventaja con el oro es equiparable a la que supondría la disponibilidad de unas fronteras abiertas para replegarse, como lo hacía la guerrilla vietnamita durante las contiendas de Indochina, o la del comunista Markos en la guerra civil griega.