Anxo Quintana

| PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS |

OPINIÓN

01 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

EN EL TEJER de la solución a la crisis entre el BNG y el PSdeG-PSOE se juega la credibilidad del líder nacionalista que acaba de ser preconizado. A pocos se les ha puesto tan alto el listón y tan pronto. Grandullón, pausado y semibarbado, parece moverse con serenidad y manejar bien los tiempos políticos. Dicen que sabe escuchar y que no es impermeable al consejo. En la España inquieta de Maura y La Cierva, Azorín, entonces aprendiz de parlamentario, escribió un libro teórico de cómo debiera ser un político, combinación persuasiva de realismo e idealismo. El liderazgo hay que ganárselo y Quintana está en el banco de pruebas. Azorín medía sus sugerencias: ha de tener fortaleza, conservarse en el fiel, practicar la eubolia -no decir sino sólo lo que conviene decir-, huir de las contradicciones y, sobre todo, saber precaverse, como el Duque de Lerma, que en una noche y por temor al Rey cambió tres veces de cama. Que así de exigente es el oficio de la política.