Contradicciones «quintanianas»

| LOIS BLANCO |

OPINIÓN

24 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

EL PRIMER día de Anxo Quintana no como Anxo Quintana sino como sucesor de Beiras y, por tanto, candidato a la Xunta, fue como serán a partir de ahora sus días y semanas: contradictorios. Entre otras muchas cosas que haría a lo largo del día, Quintana telefoneó a Touriño para demostrar voluntad de amañar los pactos. La segunda tarea fue acudir a la tumba de Bóveda no como lo haría un nacionalista ambicioso, sino un galleguista pactista. Ambas acciones, la primera y la segunda, contienen dos de las contradicciones que mayor dificultad le presentarán a Quintana durante su estancia en la cima del BNG, probablemente más larga de lo que le predicen quienes ven en él a un rey sin trono ni reino. La entrevista personal que hoy mantendrán el sucesor de Beiras y Touriño no se produciría si las palabras fueran importantes y los aplausos de la militancia, órdenes para los de arriba. Pero no es así, y las palabras iracundas de Beiras contra Touriño en la asamblea de este fin de semana ya no cuentan, y los aplausos de la militancia cuando se atacaba al PSOE se zanjan como una simple cuestión de exceso de fervor de la parroquia. ¿Qué puede hacer hoy Quintana con Touriño que no sea contradictorio? Nada, y menos ahora que faltan meses para que ambos se hagan mucho más daño en la puja por el voto de izquierdas durante la campaña de las generales de marzo. La otra contradicción quintaniana consiste en ganar electores con un mensaje que silencia los fundamentos nacionalistas para hablar de moderación, pactos sociales y sociedades abiertas. El objetivo, muy loable, radica en ganar votos a la derecha del fraguismo. Pero sólo los que idolatran a Quintana como la esperanza blanca no quieren ver que el auténtico Copito de nieve del nacionalismo gallego sería un segundo partido nacionalista, pero de centro-derecha.