FRAGA últimamente imita mucho. Que Gallardón con desvergüenza metodológica presupuestaria sube los impuestos de la gasolina con el pretexto de financiar la sanidad, pues aquí no vamos a ser menos. No importa que para atravesar Galicia sin jugarse la vida haya que pagar además unos peajes abusivos. Que los nacionalistas vascos hacen una estatua a su insigne fundador el racista, integrista y xenófobo Sabino Arana, pues nosotros a Risco, «gran polígrafo, ideólogo e galeguista», autor de perlas de las que hemos hecho mérito en otras ocasiones y que repetimos ahora en nuestro afán por contribuir «a divulgar a memoria e a obra de Vicente Risco» como: «(el celtismo)... en la nacionalidad gallega significa la superioridad indiscutible de nuestra Raza sobre las razas morenas euroafricanas de Iberia, y por tanto la injusticia de que seamos dominados y gobernados por ellos», tesis básica del nacionalismo galleguista sacada de su flamantemente ejemplar teoría del nacionalismo, gran aportación local al fascismo internacional, para que no se diga que somos tan pailanes . Pero hay cosas que no cuadran del todo en esta tergiversación de la memoria. Fraga no era tan novo cuando murió Risco como para no haber sacado «máis partido da súa gran riqueza intelectual», pues en 1963 tenía cuarenta años. No deja de ser curioso que en esta España semidesguazada del siglo XXI, en los únicos sitios donde se atreven a homenajear a racistas, totalitarios y xenófobos sea en las mal llamadas autonomías históricas (o histéricas), pues nadie desde las instituciones democráticas que no se avergüenzan de ser españolas, se atrevería ahora a homenajear a un José Antonio, un Ledesma Ramos o un Adolfito Hitler. Pero en este retroceso moral y político en el que estamos, cualquiera sabe qué puede pasar.