¿Por qué Turquía? O plan de persoal da USC

| GONZALO PARENTE |

OPINIÓN

22 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

LOS MONSTRUOSOS atentados de Estambul demuestran claramente que el terrorismo islámico no permite que los países de tradición musulmana apoyen a los occidentales en lo que se ha dado en llamar la guerra global que estamos viviendo. Por este motivo, pusieron una bomba en la embajada de Jordania en Bagdad, por eso lo hicieron también en el barrio occidental de la capital de Arabia Saudí y esto explica el objetivo de Al Qaeda de intimidar a los turcos a base de bombas. Pero Turquía, que oficialmente es un Estado laico, decidió hace tiempo unirse a los occidentales en Europa. Esta fue la doctrina del fundador de la moderna Turquía, Atatur. Turquía pertenece y es un miembro muy activo de la OTAN, y ha solicitado su ingreso en la Unión Europea. Después de haber sido rechazada su intervención por los iraquíes para reforzar la seguridad que pretende implantar los norteamericanos, no cabe duda que ahora, los europeos y sus aliados atlánticos, estarán convencidos de que les conviene tener a Turquía de su lado. Este país, que ocupa la Península de Anatolia en el extremo oriental del Mediterráneo, es el puente geoestratégico de Europa hacia el continente asiático y Oriente Medio, además resulta fundamental para el entendimiento con los países de cultura islámica. Por eso unos y otros se disputan tener a este país de su lado. El otro día, viendo la televisión que pagamos todos, un anuncio electoral me informó de que el PP había descubierto la gallina de los huevos de oro: ¡Bajando los impuestos mejoran los servicios sociales! Pero, ¿realmente puede haber alguien tan iluso que se crea semejante falacia? Lo peor de todo es que se esté publicitando una idea antisolidaria, ya que los impuestos son los que sustentan el estado de bienestar, como se ve en países como Francia y Alemania, con unos impuestos fuertes y unos servicios sociales igual de fuertes. Porque no olvidemos que los impuestos directos son aquéllos que se pagan en función de las posesiones y riqueza de cada uno, de tal manera que el que más tiene da más, repercutiendo ese dinero en los que menos tienen. Por tanto, bajar los impuestos sólo favorece a los que más tienen, que pasan a pagar menos, con la consiguiente pérdida de dinero social. También dice el anuncio que bajar los impuestos reactiva la economía. Lo que no aclara es que esa economía es la del pequeño grupo de empresas enriquecidas que, para colmo de facilitar la precarización del empleo, se ven también favorecidas al tener que pagar menos impuestos. A este paso nos tendremos que pagar de nuestro bolsillo servicios como la educación y la sanidad, cada vez más privatizadas, mientras nos siguen vendiendo lo de bajar los impuestos por un lado, para por otro subir los impuestos indirectos (compresas y artículos de primera necesidad), que pagamos por igual ricos y pobres. Dicen que la publicidad puede venderlo todo, espero que no pueda vender nuestro sentido común y nuestra solidaridad. Guillerme Peres. Pontevedra. Las elecciones catalanas han deparado unos resultados que prometen suponer un punto de inflexión en la política española. Poco margen ha dejado el reparto de escaños a los líderes de los distintos partidos para proclamarse victoriosos, como resulta tradicional después de cada elección, el único ganador evidente es Esquerra Republicana. No hay gobierno posible que pretenda no tenerlos en cuenta. La alianza CiU-PSC no puede ser siquiera tenida en consideración, ambos han sufrido un auténtico descalabro frente a los partidos menores (ahora menos menores) y ese pacto supondría ahondar en esa tendencia. El ascenso del independentismo catalán es también consecuencia de la política desarrollada por el PP desde el Gobierno del Estado. Su tenacidad a la hora de lanzar a sus medios de comunicación para convencer al país de que o estás con el Gobierno o no eres patriota, en el marco de un discurso españolista radicalizado, está colocando al Estado español en una delicada posición respecto de su organización territorial. Y está gestando la imposibilidad de volver a gobernar de los populares, salvo que obtengan la mayoría absoluta. Hoy en Cataluña son el único partido marginado del debate político de los pactos, no hay combinación que los incluya para contar en el gobierno. Y su futuro en España sólo apunta dos caminos, la mayoría absoluta o la soledad. Parece increíble pensar que algún día el PP gobernase con CiU y el PNV, y que una mayoría absoluta les haya llenado de tanta soberbiacomo para estar cargándose la unidad del Estado. Javier Piñeiro Fernández. Pontevedra.