Remojón

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

19 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

EL REMOJÓN que el Defensor del Pueblo acaba de darles es como para que no puedan sacudirse la vergüenza en lo que les queda de existencia. A las autoridades marítimas, a las políticas, a los parlamentos, a la Xunta, al Gobierno Central, a los que tomaron decisiones, a los que no las tomaron, a los que nos mintieron, a los del coro de palmeros y al público en general. El remojón es mayúsculo. Enrique Múgica se ha tomado la molestia de redactar más de medio centenar de folios para poner de relieve las necedades que rodearon la catástrofe del Prestige . Y ha utilizado los mismos términos que venimos utilizando algunos desde aquel 13 de noviembre. Documentación deficiente, contradicciones, mala fe, manipulación informativa, desidia, minimización de la catástrofe y falta de investigación. Pero, a buen seguro, ha perdido el tiempo. Ha hecho un esfuerzo inútil. Por activa y por pasiva, se ha intentado a lo largo de este año aclarar lo sucedido. Entre otras cosas para no repetir los errores. Se intentó en Santiago, en Madrid y en Estrasburgo. Y estamos como el primer día. Con la sensación de que ellos van por un lado y la realidad por otro. Y con la certeza de que quieren dar por finalizada la calamidad, ocultándola tras una regata de veleros y promesas de un mundo feliz. En este país gustamos de tener instituciones para lavarnos la cara. Para presumir de madurez y de transparencia. Para decir que nadie más que nosotros vela por el respeto a los derechos y a las libertades públicas. Pero las ninguneamos a las primeras de cambio. Cuando nos conviene. Ahora ya no son los voluntarios indisciplinados, la oposición, los de Nunca Máis, los deslales, ni los medios informativos irresponsables los que reclaman una investigación parlamentaria. Ahora es el Defensor del Pueblo. A ver qué dicen.