Gallardón se aburre

| MANUEL MARLASCA |

OPINIÓN

SE LE QUEDA pequeño a Ruiz-Gallardón el municipio de Madrid. Condenado a tragar la misma medicina que con tanto entusiasmo administró durante ocho años desde la presidencia de la Comunidad madrileña a su antecesor en la alcaldía, Álvarez del Manzano, es decir, la escasez de competencias, asumidas la mayor parte de éstas precisamente por el gobierno regional; sin química con la presidenta Esperanza Aguirre; con un presupuesto condicionado por las promesas electorales algunas de las cuales son tan efectistas como de dudosa eficacia; de nuevo bajo sospecha por su actuación en la noche electoral del 25 de octubre (como presidente en funciones de la Comunidad de Madrid se reservó la noticia de la mayoría absoluta del PP, para ser él quien la hiciera pública) y por la subida de los impuestos municipales; simple espectador de la escapada de sus adversarios naturales -y no sólo Rajoy, incuestionado sucesor, sino Zaplana, Acebes o el mismo Rodrigo Rato- en la carrera que conduce a la presidencia del Gobierno de la Nación; con todo esto y algunas otras circunstancias de menor fuste, Alberto Ruiz-Gallardón empieza a aburrirse en la alcaldía de Madrid. Y conociéndolo no sé qué es peor para quienes le temen: si la hiperactividad de la que hizo gala durante sus ocho años al frente de la Autonomía de Madrid o si la sensación de frustración que pudiera tener a la vista de que, cumplido el encargo recibido en su día de mantener la mayoría absoluta que en la capital española tiene el Partido Popular desde 1991, su capacidad de maniobra es reducida. Con este panorama no hay que descartar ni la espantada (y recuérdese que con el debate abierto por la subida de los impuestos municipales que había decidido, amenazó ya con la dimisión) ni lo que ayer se apuntaba de ocupar el número dos de la lista encabezada por Mariano Rajoy a las elecciones generales del mes de marzo. Podría ser el paso previo a lo que, al parecer, Rodrigo Rato ya tenía comprometido en caso de haber sido elegido sucesor de Aznar: Gallardón, vicepresidente del hipotético gobierno salido de las elecciones de marzo. Y ahora Mariano Rajoy podría pensar que al alcalde de Madrid, que es un indudable activo del Partido Popular, es mejor tenerlo cerca que aburrido en el Ayuntamiento de la capital de España.