MAÑANA se cumplirá un año del inicio de una nueva etapa para el PP. También conmemoramos un paso decisivo en su alejamiento del centro, del refugio seguro, que fue un proceso paralelo al del Prestige . Incluso Adolfo Suárez ya había firmado por entonces el prólogo al libro de un gallego prometedor, en el que dejó dicho que el centro reformista no estaba en otro sitio que en el Partido Popular. Algunas actitudes de sus dirigentes, el refrendo de Suárez y el hecho de que muchos antiguos políticos de UCD se hubieran instalado en el PP, aparentemente con comodidad, hacían creer hasta hace un año que la moderación había tomado nuevo cuerpo. Y llegó el Prestige, como el comandante de los revolucionarios en la canción, y mandó parar. El intento permanente de aminorar de palabra la magnitud de la catástrofe, la falta de sensibilidad con el pueblo gallego, el desprecio a cualquier planteamiento de la oposición... Aquel rosario de hechos políticos cargados de despotismo confirmaron que la derecha de AP y la renovada nunca se habían ido del Partido Popular; si acaso, disimularon sus comportamientos. Cuando llegó la guerra, el tema se complicó aún más, porque ya no corrían riesgo la fauna y la flora, el medio ambiente en general, sino que se mataba a hombres y se invadía un país por la voluntad omnímoda del líder del imperio. Sin nuestro respaldo, el de los españoles, pero con el apoyo del presidente Aznar. Si alguna esperanza había de que el centro volviera a anidar en las ramas populares, se perdió. No eran solamente los que encabezaban el partido, fueron también muchos hombres y mujeres de las bases del PP los que se derechizaron hasta extremos inquietantes. Y a tenor de lo que ocurre en las primeras horas de esta semana de aniversario del Prestige , siguen instalados en la prepotencia, que nunca fue centrista. Un mal que no se remedia con sólo la eficacia, indiscutible en numerosos aspectos, de las administraciones de Madrid y Santiago.