Precarios, pero algo menos

OPINIÓN

07 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

LA EXISTENCIA de unos veinte mil becarios de investigación en España, con una amplia casuística en sus condiciones de trabajo, evidencia la importancia de estos trabajadores en formación en la investigación científica española. La muy reciente aprobación por el Gobierno del Estatuto del Becario de Investigación , casi cuarenta años después -planes de desarrollo de los años sesenta- de que dicha figura se generalizara en el mundo de la investigación científica, permite abordar la resolución de un problema que con el paso de los años había alcanzado dimensiones dramáticas, sobre todo en algunos aspectos relativos a las cotizaciones a la Seguridad Social y a la regulación de sus derechos y deberes. La implementación a la totalidad del colectivo del citado Estatuto será un proceso complejo, pues si bien el decreto señala que todas las entidades públicas y las privadas sin ánimo de lucro podrán incluir las becas que concedan en las normas que en él se contemplan, dicha inclusión es voluntaria. Por tanto, de los veinte mil becarios, tan sólo quienes dependan de la Administración central, unos ocho mil, tienen garantizada la aplicación del estatuto. Sucederá también -como ya se evidencia con la normativa aprobada en Aragón, que amplía las prestaciones de la Seguridad Social a los cuatro años predoctorales, y como se anuncia en Cataluña- que las condiciones laborales variarán en cada comunidad autónoma que otorgue becas. Coexistirán, por tanto, becas con diferente régimen de prestaciones sociales, con la consiguiente introducción de factores de desigualdad para una misma situación laboral en el mismo lugar de trabajo. El nuevo estatuto presenta aspectos discutibles y mejorables, como el relativo a la exclusión de cotización de la Seguridad Social en los dos primeros años de formación predoctoral, o el que excluye del derecho a paro durante tres años a los becarios posdoctorales, pero no cabe duda de que su aprobación inicia la regularización laboral de unos trabajadores que si bien están en un periodo de formación, no por ello dejan de constituir una pieza vertebral del sistema ciencia-tecnología. Un grado menos en la precariedad vivida.