Pretty Lady

ALFONSO DE LA VEGA

OPINIÓN

EL HECHO de que a casi todo el mundo consultado le parezca muy bien la elección de la novia del Príncipe de Asturias puede significar varias cosas: Que España sea un país con pocos monárquicos, y, por tanto, de mayoría accidentalista o de mentalidad republicana. Pero casan mal privilegios y derechos civiles. Que se viera la cosa del casorio con tan mal cariz, haya habido ultimátum de abdicación o no, que se haya preferido esto como mal menor antes que nada o una Mette Marit a la moda noruega. (Y con un PNV en rebelión abierta a la que pronto se puede unir Cataluña, hasta muchos republicanos ponemos velas a Santa Bárbara para que nos proteja). Que muchos degustadores de Operación Triunfo y adictos a la comunicación basura barrunten que el espectáculo estará asegurado a poco que se levante la veda, cuando empiecen a circular por los medios dimes y diretes más o menos fabulosos sobre el pasado de la novia. (El ninguneado Don Juan sostenía que «una reina no puede tener pasado»). Que la actual monarquía nació más bien en realidad el 18 de julio, aunque afortunadamente haya propiciado el constitucional y democrático 6 de diciembre, pero tiene poco que ver con la Casa Borbón tradicional entronizada en España tras la cruenta guerra de Sucesión. (En efecto, los fantasmas de un don Carlos María Isidro, o de los tíos abuelos del Príncipe, obligados a renunciar a sus hipotéticos derechos al trono por sus matrimonios morganáticos, por no citar a la animosa reina viuda Cristina que tuvo que guardar en secreto, así como sus sucesivos embarazos, su boda con el luego duque de Riánsares, quizás se habrán quedado perplejos do quiera que estén). Que realmente quienes estamos fuera de juego somos los republicanos, que pensábamos que los monárquicos creían en los principios que sostenían la tradición de la Corona aunque fueran una antigualla, pues modernidad y Monarquía son opuestos. En fin, ¡vivan los novios!