Don Alberto y el robot

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

HABLANDO de historias de amor y Estado vivíamos mejor. Es más entretenido un cuento de hadas que la puñetera realidad. Es muy difícil pasar de Letizia al lendakari. Y mucho más difícil todavía, pasar de la sonrisa de una futura reina, joven y guapa, al plan del señor Ibarretxe, que tiene cabreada a la mayor parte de España y ayer comenzó su viaje a ninguna parte en el Parlamento vasco. Como recurso de transición, el señor alcalde de Madrid nos hizo ayer un regalo que debemos agradecer: se puso a hablar con un robot en la inauguración del SIMO. No lo estoy inventando, escuché la conversación en la radio. El robot, que largaba por los codos, y además debía ser partidario de Trinidad Jiménez, se puso exigente con el señor alcalde. Tanto, que don Alberto terminó la conversación de esta guisa: «Nos ha salido crítico este robot». Últimamente, a Gallardón le salen críticos hasta los robots. Empezando por los del PP. En los anales de este partido debe quedar la discrepancia pública que le demostró el nada robotizado Rodrigo Rato. Motivo, el anuncio de subidas de impuestos. Cómo será la cosa, que le ha puesto de ejemplo a Álvarez del Manzano, que debió hacer el milagro de los panes y los peces, porque el señor Vicepresidente recordó su máxima: «Hacer más con menos». Dicho en palabras de mi actual suegro: «Con dinero cualquiera es rico». Para la interpretación, sigamos la consigna de este tiempo: seamos elementales. Y lo más elemental es esto: si Rato expresa esa discrepancia en público, es que quiere que se conozca. De lo contrario, le hubiera llamado privadamente. Pero no. Lo dijo ante micrófonos y cámaras, en busca de publicidad. Es la primera vez en los últimos ocho años de aznarismo que dirigentes populares dirimen en público sus diferencias. No es un cisma, ni mucho menos. Pero sí una evidente distancia. Alguien pensará que a Ruiz-Gallardón se la tienen guardada después de haber irrumpido de forma insolente en la carrera de sucesión, donde sólo tres estaban alistados. No creo que sea tan burdo. Lo que sucede es que Ruiz Gallardón ha dado donde más duele, que es el dinero. Y no se le ocurrió otra cosa que hacerlo, como ya hemos apuntado hace días, en el momento procesal menos oportuno: cuando su partido está vendiendo nuevas rebajas de impuestos y cuando suenan los clarines electorales. El anuncio de la alcaldía de Madrid tiene un efecto demoledor en la credibilidad de la mercancía. Y ustedes se preguntarán: ¿y por qué responde Rato, y no Rajoy, que es el más perjudicado? ¡Ay, querido amigo! Porque el gallego siempre dejará, astutamente, que sea otro quien se queme. Incluso estaría dispuesto a disfrazarse de robot. Por eso ha ganado la sucesión.