LOS ACONTECIMIENTOS se precipitan, la evolución del proceso iraquí se acelera. Adviértese un cambio global en la posguerra desde el conjunto de datos en curso: el de la beligerancia armada, con el salto cualitativo hacia un concepto más amplio, más ambicioso y más diverso en las acciones, trenzándose las actuaciones de la guerrilla -progresivamente más audaces- con la brutalidad de los atentados terroristas con coches bomba, centrados en las comisarías de policía y sin excluir las representaciones de la imparcialidad y la cooperación, como la sede de la Cruz Roja o los previos golpes contra la delegación de la ONU. A ello se suma la movilización de la población civil en operaciones concretas, como la del asalto a un tren militar, y la convocatoria por el Baas clandestino de una huelga general de tres días, o el llamamiento, por convocantes sin identificar, a una jornada de resistencia frente a la ocupación, de la que no se excluyen las acciones armadas. En ningún otro momento de la posguerra se habían establecido cuadros de estas características. Tampoco anteriormente se produjo un nivel de respuesta como la contenida en el anuncio formulado por el gobernador del Irak ocupado, Paul Bremer, de que se acelerará la transferencia de soberanía al pueblo iraquí, iniciada ya con la última Resolución del Consejo de Seguridad, al establecer un estatus de co-soberanía entre la virreinal de Bremer y la del Consejo iraquí de Gobierno. Éste, de momento, ha adelantado su decisión de no participar en la Conferencia de Damasco entre los vecinos de Irak. Los argumentos aducidos son de tipo formal, pero las razones reales pueden no ser otras que la presencia de Turquía en esa reunión. El anunciado despliegue de 10.000 soldados turcos en Irak no lo traga nadie, ni el propio Consejo de Gobierno, tal como lo hizo saber en su día. Sobre esto habrá que esperar algo.