El PSOE bisagra

| ALFONSO DE LA VEGA |

OPINIÓN

LAS ALIANZAS de Madrid con Llamazares, la contradicción del partido en el País Vasco, la versión nacionalista en Cataluña o los avatares municipales de Vigo son muestras de la deriva del actual PSOE de Zapatero hacia una especie de partido bisagra, aunque la bisagra históricamente haya sido mayor que el quicio de la puerta. O, dicho de otra manera, el PSOE actual quiere ser el aceite de todas las salsas posibles, aunque su gusto sea contradictorio o incompatible con el buen arte gastronómico. Y probablemente sea con esto de la gastronomía, porque como decía Cervantes, nada es posible sin el buen gobierno de las tripas, con lo más tiene que ver la razón profunda de su extraño comportamiento para muchos ciudadanos e incluso de sus votantes tradicionales. Incomprensible de otra manera su empeño en mantener pactos aquí en Galicia con los nacionalistas del BNG, parece que no ha escarmentado nada con la experiencia del País Vasco, en que un PSOE acomplejado, sin confianza en sí mismo ni en su ideología tradicional, incompatible con la nacionalista, entronizó al PNV en la presidencia del Gobierno autonómico, o permite la deriva del partido socialista catalán hacia un nacionalismo excluyente de intereses opuestos a los de la clase trabajadora no sólo de Cataluña sino de toda España, en vez de tratar de crear una alternativa clara de gobierno válida para toda España. Un PSOE gris, propio para combinar con la moda al uso en cada una de sus esquinas, en el que algunos de sus más lúcidos y valiosos dirigentes como Vázquez o Bono vivaquean mientras esperan mejores tiempos. Un PSOE que ojalá pudiera decir como escribía Fernando de los Ríos a Madariaga: «Qué decirle de la tremenda crisis moral sufrida en este año y del examen de conciencia en que perpetuamente he vivido. Me he reconquistado, me veo liberal y humanista, como siempre¿ y lleno de dolor del alma como español».