LA ILUSTRACIÓN que acompaña esta breve columna no es un adorno para relajación visual, figura en la página 44 del Informe sobre desarrollo humano de este año elaborado por Naciones Unidas. Observe el lector como de entre todo el planeta las zonas sombreadas con mayor o menor intensidad se sitúan sobre todo justo bajo la Unión Europea: se trata de 25 naciones del África subsahariana. ¿Qué ha sombreado Naciones Unidas? Pues los países con una peor situación en los siguientes indicadores: pobreza, hambre, mortalidad infantil, salud y enfermedades, igualdad entre los géneros, enseñanza primaria y estado ambiental (agua, suelos, etcétera). Europa está viviendo a lo grande sobre un volcán de miseria. No lo está, literalmente, Estados Unidos, ni Australia, no Japón, ni China... sí nosotros. Por la costa andaluza, canaria, el sur de Italia, intentan escapar y llegar hasta nosotros, pagándolo con frecuencia muy caro, una pequeña parte de los más de 500 millones de personas que sobreviven de mala manera un poco más al sur de Marruecos o Argelia. Y no lo intenta necesariamente las más necesitadas. ¿Esperamos que estos países mediterráneos puedan frenar y actuar como tapón de lo que es sólo la punta de un enorme iceberg de infamia humana? ¿Los detendremos nosotros con leyes y sistemas de vigilancia? ¿Nos deslizaremos hacia el racismo y la xenofobia para justificar lo injustificable? Existe otro camino. Según Naciones Unidas, para borrar esta mancha en el mapa, y por tanto la situación de máxima prioridad en esos países, bastaría con que cada familia española (y de todas las naciones ricas) aportase 16 euros al mes más (3.000 pesetas de antes) para este fin y con ello alcanzar el 0,7% de la riqueza nacional para asistencia oficial al desarrollo. No la liemos escurriendo el bulto con aquello de que habría que sacarlo de armamento, de los premios de las quinielas o de los beneficios de nuestras empresas transnacionales. Porque tampoco seríamos los primeros en hacer nuestra parte: Suecia, Dinamarca o Noruega ya cumplen mínimamente con la suya. Y menos aún vale esconderse tras la soberbia provocadora de Estados Unidos o Japón que, en este asunto, miran para otro lado. ¿Algún partido político prometerá en serio, en las próximas elecciones generales, subir el IRPF específicamente para generar un fondo con este fin y como mínimo por aquel importe? ¿Quién se arriesgará a ganar o perder votos por este motivo? ¿Qué hará cada uno de nosostros ante tal propuesta? Si queremos no ver las manchas en el mapa, para empezar sólo hay dos opciones: mirar para otro lado o rascarse el bolsillo. Vuelva -amigo lector- a mirar el mapa.