LEO atentamente la carta que un lector de Ourense remitía a este periódico el pasado sábado (18.10.3). Se refería a la enfermedad conocida como fatiga crónica. Sus palabras son una queja contra la clase médica pero también un grito de desesperación por la incomprensión y el desprecio que generan todas las enfermedades que no pueden exhibirse en una radiografía o en los resultados de unos análisis clínicos. La fatiga crónica, como la depresión, es una de ellas. Me he informado y, según lo investigado, afecta a un tanto por ciento de la población española que sin ser alarmante va en alza. Al igual que la mayoría de enfermedades es muy democrática y puede posarse por igual en un cuerpo joven que en otro ya gastado por los años. Para el enfermo, un movimiento de su cuerpo supone un dolor inaguantable. Levantarse de la silla o de la cama, un esfuerzo mayor que escalar una cima sin estar preparado. El enfermo quiere seguir viviendo como lo venía haciendo antes de verse afectado, pero ese amigo que es el cuerpo se lo impide. Un cuerpo que no explica dónde exactamente radica el mal, de dónde procede, qué partes de sí mismo tiene la intención de erosionar. Un mal sin pruebas es un mal que levanta sospechas, de muy mal llevar. Se acusa al enfermo de ser enfermo imaginario, cautivo de manías. Éste es otro de los retos para el paciente, puesto que ser sospechoso es ya una condena. Es así como el enfermo cae preso en una complicada red de suspicacias, de malentendidos, de culpabilidad, cuando sólo buscaba explicación, curación o, cuando menos, ser reconfortado en su dolor. La ignorancia de la ciencia médica es más grande todavía que sus conocimientos, pero ignorar, en este caso, no debería significar despreciar, desatender. Escribió M. Yourcenar que el médico ante el enfermo deviene emperador. Sin duda sus palabras tienen, en el ámbito de la consulta, mucho poder, más incluso que el de un emperador, que puede ser derrocado. En general, la práctica médica se ha deshumanizado en favor de una soberbia que crea hostilidad entre las dos partes lo que repercute en la parte más débil. Digamos que estamos ante otra forma de contribución a que la sociedad se sienta más frágil, más miedosa, adjetivos que son embrión de radicalización y violencia. La ciencia sólo posee sus verdades. La Verdad es de todos. Tiene bastante cara Zapatero al achacar al PP la excesiva temporalidad del mercado de trabajo. ¿Habrá que recordar que cuando el PP quiso reformar el mercado laboral, sin ni siquiera ir a los puntos claves, le montaron una huelga general y tuvo que dar marcha atrás? El mercado de trabajo, básicamente, sigue con las mismas reglas que en la época del PSOE (incluidos los contratos basura) porque es la izquierda la que impide reformarlo bajo una óptica liberal, ya que, dicen, el liberalismo es un dogma (debe ser por eso que en los dogmáticos EE.?UU. o en Gran Bretaña el paro es del 5-6% mientras que en España o Francia es del 10-12% o más). Dado que al PP le impidieron aplicar su política laboral, no se le puede culpar ahora de su estado. Santiago. Imaxinemos unha familia que merca unha vivenda. Hipotécase a 20 anos cun tipo variable. Un inquilino de carácter voluble, que en condicións normais queda cun 50% dos ingresos familiares, pero que como se cabree, nin se sabe. Deciden que unha dieta vexetariana é o máis axeitado para non poñerse dos nervios. Xudías con tomate e unha ensalada de leituga. Coitadiños. O IPC asubía e mira para o ceo. Poden facer unha menestra de patacas, aceite, pan e laranxas, pero o mesmo se indixestan. Segundo un estudio, a suba promedio dese delicioso batido foi, nos dous últimos anos, dun 55%... E o IPC sen facer acto de presencia. O Goberno está escandalizado coa suba das xudías verdes, e trata de atopar ós culpables, pero mentres tanto administra ós nosos soldos (¡que contribúen negativamente á inflación por medrar en exceso!) o purgante do IPC, unha fórmula maxistral descoñecida para o común dos mortais. Todo isto compón un círculo diabólico que non o rompería nin o propio Sherlock Holmes. ¿Alguén podería explicarnos como se calcula o IPC? Xesús Anxo López Gómez. Santiago. Es sorprendente la avaricia de muchos dirigentes (de todos los colores) por acumular cargos públicos: no menos que los franquistas de hace 40 años, tan criticados por los que, ahora, a veces juntan 2,3 millones en nómina, limpios, al mes, porque es posible ser alcalde y/o concejal, incluso de una gran ciudad, además de diputado, senador, etcétera, además de presidir empresas públicas, o bien ser presidente de comunidad autónoma, o consejero, además, claro, de diputado, etcétera. Y, luego, para disimular, de vez en cuando, hablan de honestidad, lucha contra la corrupción... Vivir para oír. Un cargo público a dedo, hoy, es un negocio, por lo que puede hacer legalmente más lo que no se dice, pero se sospecha. Y no digamos los candidatos y programas, elegidos siempre por unos cuantos: hay que votar lo elegido desde arriba. Una democracia muy parecida al franquismo sociológico: pero más rentable para los actuales cargos públicos, ya que al menos antes tenían la excusa de sus escasas retribuciones. José García Cortijo. Ferrol. Capitán Bernal: quiero, desde éstas líneas, acercarme a ti y a tu dolor, en que tu corazón de padre y tu espíritu militar conjuntados en un fuerte abrazo ante la muerte, te han llevado a dar un ejemplo sin par. Has demostrado, una vez más, que el Ejército nada pide, pero sí da todo lo que tiene de valor: su vida por la Patria. Lograste que mi mente se trasladase a aquellos tiempos de la gesta de Guzmán el Bueno, o la del general Moscardó. Tu fidelidad a la Patria te ha dado el valor preciso para sobrellevar, con un noble y verdadero orgullo, la pérdida de un ser tan querido como es un hijo. Sé que habrá muchos que no lo comprenderán, o incluso se mofarán, pero no importa, allá ellos, ya que nunca llegarán a conocer la felicidad eterna, seguirán siendo unos desgraciados terrenales y amargados anímicos. Ernesto F. Tenreiro. Algeciras.