HA muerto «la que amó con energía». Así fue rebautizada Song May-ling por la generalidad de los chinos, derechistas y maoístas. La viuda de Chian Kai-shek, líder del nacionalismo chino durante gran parte del siglo XX, ha fallecido a los 105 años de edad en su apartamento de Manhatan. Aunque maduró y vivió a la sombra de Kai-shek durante 55 años, «la esposa del dragón» no sólo tenía opinión propia, sino que influyó poderosamente en todas las decisiones que adoptó su marido. Kai-shek armó ideológica y militarmente a los nacionalistas chinos con la finalidad de reverdecer el imperio que conoció Marco Polo y que, a trancas y barrancas, sobrevivió hasta bien avanzado el siglo XIX. Los enemigos de Kai-shek eran numerosos (mogoles, tais, musulmanes de Singkiang, tibetanos, manchúes), pero el general insistía en que los japoneses constituían la única amenaza real para el futuro de China. Pero Washington y su esposa, hija de un cristiano metodista de Shangai y educada en California, le persuadieron de que el enemigo más peligroso estaba en casa y de que era imposible entenderse con los otros nacionalistas, los liderados por Mao Ze-dong. Las raíces del odio entre Ze-dong y Kai-shek tenían, en gran medida, nombre de mujer. Song May-ling y Chian Kai-shek se conocieron en 1920. Él estaba casado y era once años mayor que ella. Él era budista, de origen campesino, de rancia formación tradicionalista y ella, cristiana y occidentalizada. Vencidos esos y otros inconvenientes, la pareja se casó y May-ling desarrolló una personalidad dominante, denostó el acendrado ruralismo chino y colideró el singular resentimiento patriótico que aún hoy pervive en Taiwán. Ha muerto una occidentalista de ojos rasgados.