UNA VEZ más, han conseguido el Nobel de Física los autores de trabajos relacionados con el extraño comportamiento del helio, y de otras sustancias, en las proximidades del cero absoluto (-273 ºC). Ya en 1913, se le otorgó a Onnes, porque licuó el helio y descubrió la superconductividad. En 1962 a las investigaciones sobre superfluidez. En 1978 al descubrimiento del helio como superfluido. En 1987 por descubrir óxidos complejos superconductores a 35 K. En 1996 a los trabajos sobre el helio-3. Este año, 2003, fue para los pioneros en las investigaciones sobre superconductividad y superfluidez. La superconductividad es la propiedad de conducir la corriente eléctrica sin prácticamente resistencia alguna que tienen algunos materiales. El fenómeno sólo aparece por debajo de una cierta temperatura, llamada temperatura crítica y cercana en un principio al 0 K. A partir de 1986 se descubrieron óxidos complejos que son superconductores a temperaturas más altas, con lo cual se puede emplear nitrógeno líquido para enfriarlos y hacer realidad sus aplicaciones técnicas: trenes de levitación magnética, aceleradores de partículas, transporte de energía eléctrica, máquinas de RMN. También son superconductores, a alta temperatura crítica, los furelenos con estructura tridimensional, parecida a un "balón de fútbol". De la misma forma que los superconductores carecen prácticamente de resistencia eléctrica, los superfluídos no tienen apenas viscosidad, que es la resistencia a fluir. El helio líquido es superfluido a temperaturas inferiores a 2,17 K (- 271 ºC) y puede trepar por las paredes de los recipientes, debido a su escasa viscosidad. Tanto la superconductividad como la superfluidez, son manifestaciones macroscópicas de la mecánica cuántica y sólo a través de ella recibirán una explicación satisfactoria.